LORENZO
Hace dos años ya
un sapo compré.
Para ser sincera
mi intención
no era.
Fue curiosidad
luego piedad
tal sentimiento
el que me moviera.
De dos provincianos
oír su conversación
mi intención
no era.
Uno ya enfermo
ajeno al clima
húmedo era.
El otro
hondo conocedor
del remedio
a sus males era.
¡Ya sé...!
¡Tomáte un licuao
de sapo!
el docto dijera.
¿Qué?
respondió el doliente
sin tregua.
Para los bronquios
es bueno
y males del pulmón
argumentó el informado
recitando una lista
de parientes sanados
con bondadosa poción.